Había una vez... una parrillada para cuatro.
Éramos dos.
La carne humeaba, el fuego hablaba,
y en el momento exacto en que todo empezaba
la hoja del cuchillo encontró la costilla,
y el chimichurri encontró la campera.
Blanca. Nike. Traída de Japón.
El universo, en su sabiduría infinita,
eligió ese instante para sellar un pacto.
No con apretón de manos.
Con chimichurri.
Sobrevivió. La campera también.
— IJOV